Almas

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El apostolado de almas del purgatorio de la obra Misioneros del Amor del Divino Infante de Praga, surge como respuesta al llamado que como hermanos en la fe nos hace nuestro Señor Jesucristo de “amarnos los unos a los otros”; y ¿cómo no amar y orar por aquellos que ya no pueden hacer méritos por sí mismos y que reciben con tanta gratitud la ayuda que Dios en su infinita misericordia nos permite darles?

Este llamado nos lleva no solo a orar, sino también a trabajar, sufrir y ofrecer todo lo posible por estas benditas almas, a quienes Dios espera con ansias tener muy pronto junto a Él.

Sin embargo, la labor del apostolado no se limita solo a la oración; para poder ayudarlas eficazmente debemos formarnos de acuerdo a la doctrina y el magisterio de la Iglesia Católica, evitando con ello caer en tantos errores, que lo único que hacen es retrasar su tiempo de purificación, en lugar de ayudarlas.

Asimismo, la labor desarrollada en este corto tiempo, nos ha mostrado que nuestro trabajo no se limita solamente a las almas de los difuntos. Los agonizantes y los familiares de moribundos y/o difuntos, son también parte importante de nuestro trabajo.

Por una parte, tenemos claro que los auxilios al agonizante son de vital importancia para su tránsito al encuentro definitivo con el Señor. Las últimas horas del ser humano pueden hacer gran diferencia en el momento en que nos encontremos cara a cara con Dios.

De otro lado, hemos observado que en el acompañamiento al agonizante o al difunto existe una oportunidad inmensa de evangelización a quienes lo rodean. Es allí cuando el miembro del apostolado podrá, con la luz del Espíritu Santo, dar un buen consejo, una palabra de aliento, de consuelo y de esperanza, que es lo que como católicos, debemos comprender de la muerte. Que ésta no es la frustración de  la vida, sino el nacimiento una vida eterna y plena junto a Dios según nuestras obras.